
Estar no siempre significa estar.
Y gente, definitivamente no siempre significa compañía.
Sentirte tan vulnerable que duele el llanto en la garganta.
Sentirte no vacío, sino pésimamente colocado.
Sí, es horrible cuando somos nosotros quienes nos resistimos a formar parte.
Sí, duele ver al resto unido y tú sentirte un tanto desamparado.
No es tu culpa.
A veces es difícil acercarse.
A veces nos lo ponen más difícil.
A veces pertenecer es más que complicado.
Permanecer en tantos lugares y grupos a la vez, pero no sentirte parte de nada ni nadie.
Pertenecer solo a ese grupo de perdidos, que por no pertenecer, se rompen desde dentro.
Pertenecer a nada, carente de interacción, carente de vida externa.
Pertenecer solo a nosotros, y en el intento, fallar.
Fallarnos.








