
Diario decidir el desayuno, si bañarnos antes de salir o mejor en la noche. Llevar lunch o comprar algo por ahí. Radicalizar nuestro libre albedrío en cada decisión y no solo dejarla ser.
Pensar en las muchas o pocas consecuencias de cada "sí", de cada "no".
Tardarnos en saber qué zapatos ponernos porque los de gamuza se ensucian mucho, y según la app del clima puede llover, pero los blancos están ya demasiado sucios, y las botas dan calor.
Con las chanclas da frío en los dedos, pero a las botas de hule se les mete el agua.
Los tacones cansan muy rápido, y las calcetas para unos tenis no tienen par.
Y al final, elegir los mismos de siempre, y volver a caer en el mismo charco, tropezar en la misma banqueta, pisar el mismo chicle.
O quizá solo sobrepensamos mucho.









