
De pequeña solía abrir los brazos para sentir el aire cuando soplaba fuerte, quizá pensaba (porque no recuerdo) que con suerte, su fuerza me podía llevar lejos y sería como si me teletransportara.
Hoy es raro ver que las personas hagan eso, que se detengan y sientan el aire, que crean que pueden teletransportarse.
Creo que últimamente la pesadez del aire puede con nosotros, con unos más que otros.
Que nos encorva y nos estorba
que no se ve pero nos tumba
que impide, que aplasta.
Y lo sé porque lo he visto; creía que las personas veían hacia abajo solo para estar pendientes de su celular, o para evitar el contacto visual con quienes se cruzan, pero en realidad es el aire.
Que la joroba era culpa de la vejez y los años que cargamos.
Que mi columna está chueca sólo por mala suerte.
Pero es el aire,
es muy pesado, nos lleva pero no lo aguantamos.








